Comienza el libro con “El cazador de imágenes”, que bien podría ser una excursión con la cámara a cuestas mientras se van tomando fotografías de lo que se encuentra. Al igual que en el resto del libro, va saltando, sin ningún orden en especial, de recuerdos y pensamientos infantiles a otros más adultos, todos caracterizados por la brevedad e inspirados por animales o la relación de los hombres con ellos.
La edición que tengo, muy cuidada, es la del círculo de lectores, consta de ochenta y cuatro historias breves, ilustraciones de Henri de Toulouse-Lautrec y una grabación de la música escrita por Maurice Ravel inspirándose en algunas de las historias.