Spirits of Tangier

Tessa Codrington

En cualquiera de los folletos turísticos se puede leer que Tánger son dos ciudades en una: la antigua, un laberinto de calles estrechas colgado de una colina y la moderna, que no resulta muy diferente de cualquier población europea a resultas de su periodo como zona internacional con una fuerte presencia de residentes extranjeros. Quizás éste sea el origen de la opinión generalizada entre muchos viajeros para quienes Tánger no es Marruecos, como si existiese un único Marruecos que visitar.

En el contexto de la ciudad internacional hasta hoy día se enmarca el periodo cubierto por el libro de Codrington, que está más cerca de una colección personal que de un ensayo fotográfico propiamente dicho, aunque la relevancia de algunos los personajes del círculo tangerino de Codrington (léase Bowles, M'rabet, Williams, Beaton…) distraiga frecuentemente de este hecho, lo cierto es que el hilo conductor es la propia biografía de la autora, sus amistades y la vida social de los expatriados anglófonos, con una más que notable ausencia del resto de nacionalidades, salvo que por algún motivo tuviesen algún tipo de relación este círculo.

Los textos que acompañan a las fotografías se resienten de una excesiva corrección, especialmente en el trato a personajes tan excéntricos como David Edge o Bárbara Hutton, donde se echa de menos un mayor desarrollo de su acertada observación acerca de la capacidad de reinvención de sí mismos de la que hacen gala muchos tangerinos adoptivos, a la vez que se siente como un gran acierto no haberse dejado llevar por el sinfín de rumores y cotilleos que les precedían - a menudo alimentados por los propios personajes. No obstante, aunque hay inexactitudes y algunas de las interpretaciones sobre la cultura marroquí son meras opiniones, también hay una buena cantidad de anécdotas interesantes e incluso reproducciones de su correspondencia con Bowles; pero a pesar de todo resulta inevitable no creer que si los textos hubiesen sido escritos por una tercera persona se habría ganado mucho en profundidad.

En cuanto a la fotografía, y dejando aparte cuestiones editoriales referentes al diseño de página, que llega a ser molesto cuando se trata de imágenes que cubren más de una página, se trata de un libro bello, bien cuidado, en el que nos encontramos con una colección ecléctica (y amable en la forma) de estilos, desde el pictorialismo minimalista pasando por el retrato - ya sea informal o académico - hasta las instantáneas familiares o banales sin más función que el mero recuerdo de un instante. Precisamente los retratos son la columna que vertebra el libro, en ocasiones con verdadera intensidad, al tiempo que la parte dedicada a los palacios y sus nuevos residentes no parece superar - ni desmerecer en calidad - a las páginas de una revista de decoración, pero no consigo ubicarlos en la relevancia que puedan tener en el contexto del libro.

Para alguien, como yo, que vivió y creció en Tánger antes de que la ciudad se desarrollase sin medida encerrando la bahía y asaltando todas las colinas circundantes este libro tiene un buen número de lugares comunes, vecinos, conocidos y sin duda una fuerte resonancia emocional; para quienes sólo han tenido la experiencia de pasar por Tánger en verano,``disfrutando'' del tráfico o siendo acosado por los vendedores en la medina encontrarán la cara amable e interesante que probablemente no pudieron ver; y para quienes nunca estuvieron allí el libro encierra suficiente atractivo, dejándoles bastante por descubrir una vez lleguen.